Feeds:
Entradas
Comentarios

Archive for 24 abril 2013

Qué no es el yoga

 

Una amiga hablando con otra en la calle:

-Tú haces yoga. Pues esta noche ponen un programa de eso. Va de no fumar, no beber, ser  vegetariano…

En fin. No llegué a escuchar el resto. Deprimente. Si la gente cree que el yoga va de no fumar, no beber, ser vegetariano, y supongo que ser célibe,  meditar incansablemente hasta aburrir a las estatuas, hacer ayunos y lavativas, beber agua caliente con sal para vomitarla y cantar en sánscrito (no sé si todo a la vez)….

Me cago en tó (sin lavativa, de gratis)

Algo estamos haciendo mal los profesores de yoga.

Yo bebo, fumo,  ahora mismo no soy vegetariano, estoy casado… con lo que mira por dónde casi que sí que soy célibe… y hablo peor que un legionario borracho pillándose las pelotas con la cremallera. Por lo demás soy bastante nenaza ¡Pero hago yoga! ¡Y lo enseño!

No sé si soy un ignorante atrevido o no tengo las narices de buscarme un trabajo de verdad. Es probable que  practique y enseñe yoga para responder a esta pregunta y otras varias que me rondarán, morena. Por ejemplo ¿No enseñaré yoga porque me gusta trabajar con mujeres que levantan el culo respingándolo bajo mis instrucciones en el perro bocabajo? Hummmmmmmm

Lo cierto es que de esto algo hay. Prefiero trabajar en semejantes condiciones, que subido al andamio en noviembre. Y prefiero el fresco olor de las obedientes (casi siempre) alumnas a la peste de sobreproducir  para sobrevivir malamente. Y prefiero trabajar con mujeres.

El yoga no es una terapia exótica para aburrirse con salud. Uno hace yoga por desesperación, porque ha tocado un fondo de dolor físico, emocional, mental.  Generalmente cualquier otra causa no te agarra el suficiente tiempo para que te vicies con esto. Encontrado el novio, acabado el yoga. Muy frecuente. Eso no era hacer yoga, era buscar pareja. Nada en contra.

También hay profesores de yoga que no beben, no fuman. Hay unos pocos que también son célibes. Los hay que no son unas nenazas. Mi amigo Pachi, por ejemplo no puede dar clase en mallas porque no las hacen con tres perneras. Siempre pantalones cagaos, antes afganos.

Quiero decir con esto que el yoga no es un renunciatorio. Es una opción personal motivada por la necesidad de hallar un punto fijo, un centro, un pilar central (salvo Pachi) o un punto de apoyo para mover el mundo. Es algo serio, pero está lejos de ser aburrido o de basarse en la renuncia al placer: precisamente se basa en lo contrario. Encontrar la mayor intensidad vital trazando un mapa con tu propia sangre que diga bien claro: por aquí no, en el futuro no existe tal cosa porque el futuro no existe.   En el pasado tampoco. Aquí: en el presente. Una decisión, una idea, un paso. Luego otro. Nunca por delante ni por detrás de los propios pies ¿De verdad esto exige ser puro de jugos estomacales, bronquios, ovarios, piel? ¿De verdad esto significa un problema con lo material ¿Y en qué se diferencia entonces el yoga de las religiones salvaalmas y matacuerpos profundamente dualistas y de la ciencia de laboratorio farmacéutico que libra a la planta de su naturaleza para convertirla en patente?

Si se identifica el yoga con la renuncia, actualicemos el término, con el recorte,  no hace falta hacer yoga ¿Me sigues? Eso se ha hecho siempre. Últimamente lo hacemos todos.  En España ya se ayuna.

¿Quieres conocer el yoga? Gánatelo. Atrévete a ser digno de tus propios sueños… Aunque hoy, ahora mismo antes debe decirse, gritarse  ¡Ten sueños!

Read Full Post »

 

En España hay más afición por el yoga que por los encierros taurinos ¿Cómo es posible? A juzgar por las estadísticas de los ayuntamientos y sus centros cívicos todo el mundo hace yoga.

Esto es, obviamente, mentira. Como todos sabemos si todo el mundo hiciera yoga el sentido común sería nuestro modo de pensar y nos habríamos vuelto islandeses, o al menos iríamos vestidos de blanco hilando en una rueca y no cejaríamos hasta que los bancos regresasen a su patria de papel acabando con el colonialismo financiero y dejando la tierra pa quien la trabaja.

No. Es obvio que no hacemos yoga. Pero las estadísticas tampoco mienten ¿Qué pasa entonces? Pasa que lo hacemos a la española: yoga de mercadillo, barato, de centro cívico. Como las pulseritas con las que, quien más quien menos, se amuebla el antebrazo hasta el codo cada verano.

Y sé de qué hablo. Yo empecé a dar clase en semejantes lugares, así que antes de que los profesores de yoga de centro cívico me quieran poner en el perro bocabajo mirando al Ganges, permítaseme explicarme.

Yo empecé a dar clase en centro cívico. Antes de que los ayuntamientos decidiesen que la contratación en sus feudos era cosa suya, y no de las asociaciones (razón de ser de tales centros) que sabían perfectamente lo que querían. Los profesores de yoga, presuntos causantes de los males financieros del país debían  cotizar ante Hacienda y la Seguridad Social por los inmensos beneficios que detraían a las arcas públicas, causa, como todo el  mundo sabe, de las más recientes crisis  financieras que en el mundo han sido. Otrosí, debían figurar en la lista de ciudadanos productivos entre la yóguica calificación de paria (intocable contratado por una ETT) y la de autónomo (intocable con derecho a pagar su propia seguridad social, impuestos, cremación y esparcimiento –de cenizas-).

Por otro lado, debido a que muchas asociaciones no han podido costearse la contratación de su profesor de toda la vida (a ver qué asociación sin ánimo de lucro puede hacer un contrato con alta en la Seg. Social…) se han visto obligadas a recurrir a aficionados sin experiencia dispuestos a hacerlo también “sin ánimo de lucro”, o directamente a dejar la actividad, con lo que en el feudo (antes Centro Cívico) han quedado aulas libres para dar cursos “oficiales” subvencionados por la administración de turno e impartidos por la empresa del marido o del cuñado de la concejala o del alcalde. Así de simple.

Decidí no ser paria. Decidí no ser saddhu: decidí  que mi familia sobreviviese y comer con la frecuencia saludable necesaria, y si era posible, tener casa donde guarecernos todos. Y me la seguí  jugando con el yoga. Abandonados los centros cívicos he oficiado en todo tipo de lugares y condiciones.  Así que quede claro que sé de qué hablo.

La evolución feudal del yoga, como en todo mercado libre, exigió una cualificada experiencia  laboral y una titulación precisa.  Oferta de empleo modélica:  “ETT solicita profesor de yoga con una experiencia mínima de un año como alumno en centro cívico o similar” que a mi siempre me hizo pensar en el Gregorio Marañón pretendiendo cubrir una plaza de neurocirujano con espectadores ocasionales de Urgencias.

La mayor parte de la gente que hace yoga en España lo hace bajo estas condiciones, con un profesor “contratado” de semejante manera. En los últimos tiempos, obviamente, han aparecido muchos más ”profesores” porque parece que la actual democracia (feudal) está deshaciendo las castas:  todos parias. Lo que  antes de ninguna manera podía costear la formación de un profesor de yoga, ahora es deseado por muchos.

Todo el mundo hace yoga en España ¿En serio? Y todos neurocirujanos.

Read Full Post »

 

Ya crees que sabes lo que es. Crees que sabes de qué va. Puede que incluso lo enseñes desde hace años y pienses que has desvelado todos sus secretos.  Conoces tus sensaciones en el perro bocabajo como “yo”. Es como el olor de las magdalenas del desayuno y Proust: todo está ahí. Y efectivamente así  es, pero “todo” era más, mucho más.  Siempre lo es.

Un ajuste. Y de repente “todo” es diferente. “yo” es capaz de vivir cosas distintas a lo que “yo” era antes. Esto se llama crisis. ¿Quién es “yo”?  Un profesor  te dice: “¿Por qué colocas el núcleo tan rígido? ¿por qué no bloqueas los hombros?” “Pero estira la espalda”

Y tú te dices (voz de trueno enojado saliendo de nube bíblica): ¿Que YO tengo el núcleo rígido? ¿Qué YO no bloqueo los hombros? ¿Qué YO no estiro la espalda? Mira nene, yo estiraba la espalda antes de que tú tuvieras flagelo de espermatozoide (por supuesto esto te lo censuras, que para algo haces yoga) ¿Qué yo tengo el núcleo rígido? Lo único que tengo rígido (¡censurado!) ¿¿¿Qué por qué no bloqueo los hombros YO??

Y no importa porque otro día otro profesor te dirá que no ajustas los bandas o que los hombros no se bloquean así

Pero, en el mejor de los casos SIEMPRE DEBE pasar esto. Los profesores veteranos  senior de Iyengar siguen viviéndolo. Salen de las clases del boss felizmente  estupefactados.  Se les ha hecho encontrarse con sus límites y sus incorrecciones (y hablamos de profes senior de Iyengar, la creme de la creme, la flor y nata, la aristocracia de la aristocracia). Por eso Iyengar sigue siendo el Boss.

(Pregunta ¿Quién coloca a Iyengar? ¿Es autosuficiente? ¿Baja  entre  las nubes  un ángel a secarle el sudor en sus crisis? Es una duda religiosa que siempre he tenido. Por eso es el Boss. )

Realmente sólo una cosa queda clara: no existe el perro bocabajo lo mismo que no existe “yo”. Sólo hay un flujo de equivocaciones cómodas (en el mejor de los casos: recuérdese los años que hubo que dedicar para que el mito “el perro bocabajo es una postura cómoda”  se hiciese… más o menos… realidad) que se transforman en otras.

Y extrañamente tras la crisis el perro bocabajo es más familiar. Más entrañable. Está más vivo. Se ha vivificado. Se ha llenado de experiencia. Resplandece.

Siempre digo en clase que lo fácil es hacer yoga. En ese paramundo de la esterilla exponemos bajo análisis intuitivo todo lo que somos. O dicho de otro modo, nos dejamos ser. Lejos de facturas, deberes, elecciones… Solo “yo” y el espejo de la práctica. En la vida cotidiana es difícil hallar el ajuste perfecto que  fluya hacia la sabiduría desde la firmeza y la comodidad. Es más fácil encontrar obstáculos de los que culparse o culpar a otros. Es más fácil dejar de ser violento en la esterilla que en el trabajo o con los que amamos.  Perderse y rencontrarse  en el perro bocabajo es una magnífica experiencia para ir aceptando el arte de fluir en el cambio. Surf de secano.

Read Full Post »

 

1.-La elasticidad no es un requisito. Será una consecuencia (lejos de ser la mejor)  de la práctica. No eres tan tronco como crees, fijo.

2.-La juventud lo mismo. La mayoría de nosotros, antes éramos más jóvenes (incluidos profesores). Iyengar, maestrazo, enseñó a la reina de ¿Dinamarca creo que era? a ponerse sobre la cabeza cuando su alteza tenía 92 años. En su primera clase ¡Supérala!

3.-El estado físico, tampoco. Vienes para mejorarlo. Debes informar a tu profe de tus achaques y asesorarte con un profesional de la medicina de tu elección acerca de cualquier atención especial que pudieras requerir en clase. Un profesor de yoga no es un médico. Pero no dejes que no ser Usain Bolt te disuada de empezar a practicar

4.-Ídem para la capacidad de relajarte o “dejar la mente en blanco”. Si ya supieras no serías un principiante.

Es decir, no tienes que llegar hecha al yoga. Vas porque buscas algo, normal que aún no lo tengas  ¡Enseñarte es el trabajo del profesor! No hay problema.

5.- Eres albañil, bombera, bailarina, minero, héroe de acción: busca un yoga suave. Ya estás en forma. Relajarte, suspender el sufrimiento te saldrá mejor en un entorno de calma evidente.

6.- Eres testador de colchones, parte humana de un ordenador, conductora de autobús, teleoperador, profesora, juez, dependiente. Te irá bien un yoga más atlético y vigoroso, después (y durante) te relajarás más fácilmente.

7.- Eres ama de casa. Por Dios bendito ¡Apúntate ya! El oficio más complejo, útil e importante de la sociedad encuentra grandes beneficios en cualquier estilo de yoga.

8.- Parado, despedida, ERE, autónoma sin empresa, sin un duro y acosado telefónicamente por las benéficas financieras, contratada por horas, fotocopiador de los libros de texto de tus hijos, miembro de lista de morosos, albañil sin ladrillo, científico sin subvención, mayor de 45… ¡HAZ YOGA!! Si no tienes dinerito fresco infórmate de otras opciones, o incluso acude a un centro de yoga y propón un intercambio justo. ¡ERES ÚTIL Y NECESARIA!! Si de verdad crees que eres algo de lo que he dicho arriba ¡necesitas el yoga!! Porque ¡¡¡No lo eres!!!  Eres Dios bendito viéndose desde un punto de vista único, maravilloso y sensacional. Superas toda definición y rebosas posibilidades. El yoga es una puerta excelente a la que llamar para recordarlo cuando las cosas se ponen chungas. Para eso está.

9.-Quieres conocer a Dios, trascender los velos de lo sensible, vencer al mundo, aplacar las pasiones, controlar tu mente, renunciar a todo apego, abrir tus chakras, dejarte rastas… Cuidadín. Mejor haz una lista de lo que realmente quieres sin avergonzarte por ello. Asegúrate de que tu novio no acaba de dejarte, que el amor de tu vida no acaba de casarse con otro o de lo que joroba pagar un 22% de IVA. Asegúrate de que no es que te parezca más fácil jugar a abrir chakras  que mirar a los ojos a quienes te rodean y ver tu propio sufrimiento reflejado en ellos. Antes de poder renunciar a algo hay que amarlo. El yoga puede ser una huida, y es mejor que otras, pero ése es un mal enfoque.

10.- ¿A qué estilo debo apuntarme? ¿Cuál es el mejor? ¿Cuál es el auténtico? El que auténticamente te vaya bien. Hasta que no lo pruebes no lo sabrás. Que no te trastoque la vida cotidiana ¿Cuánto tiempo podrás acudir a un centro que está a una hora de camino de tu casa?  Si encuentras un estilo muy riguroso y no te sientes a la altura de sus exigencias porque los rigores ya los tienes en casa o en el trabajo, no es el mejor para ti, pero seguro que sí lo es para otros. O puede que un estilo de yoga físico muy light con relajaciones de 45 minutos tampoco sea exactamente lo que necesitas, pero a otras personas les irá de maravilla. Si te parece demasiado mundano o demasiado perfumado a santidad oriental… sólo puedes decidirlo tú. No te dejes aconsejar por otros más que por tu corazón. Eso sí, te animo a que pruebes un mes. Una clase (normalmente) no es suficiente. Personalmente creo que las clases de prueba son una promoción un poco falsa porque sólo podría valorarlas un profesional, no un alumno. Puede resultar muy útil apuntarse a varias clases con el mismo profesor. El yoga funciona como proceso.

11.- ¿Qué precio debo pagar? La formación de un buen profesor de yoga no es sencilla ni barata.  Si pagas 10€ por un mes de clases no puedes exigir calidad y te conformarás con lo que haya, que suele reflejar el precio que has pagado, y va a ser un grupo de mucha gente con necesidades muy diferentes que obliga a dar clases de nivel muy básico, aunque la profesora tenga conocimientos más profundos (que no suele ser el caso, aunque hay notables excepciones). Y por supuesto, personalizar (la esencia del yoga) será muy complicado.

Los gimnasios, por otro lado, ofrecen buenas instalaciones y servicios, pero tienen una competencia feroz, y esto hace que su oferta de yoga sea, muchas veces, una más entre muchas según la moda del momento, con lo que los socios que pagan una cuota general  entran a clase cuando les de la gana. Un día yoga, otro Zumba-Mambo, otro Pilates, otro piscina… así frecuentemente los grupos no se consolidan y no se puede mantener una progresión. De todas formas hay gimnasios (muchas veces los más humildes) que están ofreciendo fantásticas clases de yoga. Antes de apuntarte, pregunta, observa y habla personalmente con el profesor. Eso es lo importante, y hay buenos profesores trabajando en gimnasios de todo calado.

Los centros de yoga suelen ser más caros. Suele valerlo. Te aseguras de que vas a tener un trato a la medida de tus necesidades por parte de profesionales. No conozco a nadie que haya abierto un centro de yoga sin amar el yoga y sin una sólida formación. Y ninguno se mantiene si lo que ofrece no es excelente.  Incluyen, además, la oportunidad de profundizar en facetas esenciales del yoga (meditación, pranayama, nidra yoga, visualización…) que son imposibles de trabajar en otro tipo de centros.

12 ¿Qué debo encontrar? ¿Qué puedo exigir? ¿Qué requisitos debe cumplir el profesor? Debes encontrar una oportunidad para sufrir en un entorno seguro, para que tu propia inteligencia encuentre y elija el equilibrio, la estabilidad natural, la paz. El sufrimiento en la vida cotidiana tiene difícil tratamiento,  ocupa y absorbe completamente.  Aprender yoga es proporcionarte la capacidad de experimentar dolor en un entorno seguro, el espacio que te brinda un profesor que ha pasado por esa misma experiencia y sabe protegerte y guiarte. Las posturas de yoga duelen sólo porque reflejan  el daño que podemos hacernos a nosotros mismos. Un daño tan familiar que ya no sentimos, como no sentimos el dolor de nuestras propias palabras, a veces abiertamente ofensivas para nosotros mismos y para otros, pero al trabajar con el cuerpo, el dolor no puede atravesarlo sin dejar huella y nos lo encontramos de frente. Es ahí cuando un buen guía nos da la técnica física (casi siempre personal) y el enfoque mental adecuado para aprender a observar el proceso e intervenir dejando de hacernos daño a nosotros mismos. Aprender a ir siendo parte de la solución, no del problema. Eso es lo que debes esperar obtener de un profesor de yoga. Eso es lo que puedes exigir-te aprender.

13.- ¿Puedo relajarme, aprender a concentrarme, aumentar mi elasticidad, mi fuerza, ponerme estupendo y convertirme en mejor persona? Sí. Si te lo curras.

14.- ¿Puedo relajarme, descansar, no sudar, aumentar mi paciencia conmigo y con los demás, abrirme a una dimensión espiritual desde la que disfrutar más de mi presente? Sí, si te lo curras.

15.- ¿Voy a perder mi masculinidad si hago yoga? Si te haces esa pregunta, necesitas hacer yoga ¿Tendrás… arrestos?

                Tenlo claro: las expectativas determinan la experiencia. Haz una lista.  Anota tus intereses. Qué esperas obtener, qué te gustaría obtener, qué deseas dejar atrás, cómo imaginas que puede ser la clase que necesitas. No hay estilo, escuela o profesor malos por sí mismos. Lánzate sin temor a equivocarte, que es como se aprende. El error es no hacer. El mundo se adapta a nuestra energía: ten claras tus necesidades y encontrarás cómo satisfacerlas.

15.- Todos somos principiantes. La diferencia entre el alumno y el profesor es que el profesor lo disfruta y el alumno cree que lo va a superar.

Un abrazo. Nos vemos en clase

Read Full Post »

Rapo mis barbas y las ofrendo, avergonzado, a los dioses por atreverme a hablar de algo de lo que otros saben mucho más que yo. Pero como dice Néstor Luján: “enseñar es aprender dos veces”, y de esto último necesito mucho. Me endulzo pues la lengua con miel y vino blanco de Rueda para decir palabras gratas y certeras.

Pongámonos serios… Inhalemos profundo y:

El alineamiento consiste en el refinamiento progresivo de tu relación personal con tu apoyo sobre la tierra, dentro del aire en el que te mueves y que también penetra en ti, a través de las masas (casi) líquidas de tu cuerpo mientras te estiras hacia el cielo. Debe ser lo más natural, espontáneo y económico posible, lo menos complejo y artificioso… Y te encantará.

 

Hasta aquí la teoría, ahora veamos cómo la destrozamos a conciencia.

 

El alineamiento físico, que debe ser la exudación natural del ligero espíritu en su tránsito en la materia, puede fingirse notablemente bien a través de un complejo estudio que nos hará parecer leves ángeles acariciando el suelo, estivales golondrinas besando arroyuelos, o míticas montañas de elevadas cumbres y profundas raíces. Lo bueno del arte de fingir, es que si lo practicas a conciencia, harás algo más que parecer. Te sentirás como un ángel, como una golondrina, como una montaña, incluso (inexplicablemente) como todo ello a la vez. ¡Finjamos hasta remontar el vuelo!… y en yoga se finge respirando bien, recuérdalo todo el rato: no finjas la respiración, eso mata.

 

Debes recordar siempre que el arte de la ligereza forma parte de tu herencia biológica. Estamos diseñados para encajar nuestro peso en el aire y la tierra sin notarlo, para desplazarnos sin apenas darnos cuenta, lo mismo que respirar, lo mismo que digerir. No se trata de mejorar nuestra movilidad sino de reconocernos como el bloqueo que ponemos al paso de la naturaleza y liberarnos de ese papel.  Se trata de dejar que tu cuerpo se ajuste en el instante y en los elementos: tierra, agua, aire, fuego, movimiento, armonía, éxtasis (o énstasis, que dice Dragó).

 

¿Y cómo conseguir esa naturalidad que nos es propia? Pues practicando naturalmente… hasta aburrir a las estatuas, hasta que las ranas críen pelo. En una palabra, LA Palabra: Técnica, que en griego (tecné) quiere decir “arte”.

 

 

PRIMERA CLAVE: El alineamiento de la columna

SEGUNDA CLAVE: El alineamiento de la columna se hace desde las extremidades

TERCERA CLAVE: La respiración es parte esencial del proceso

CUARTA: Estabilización y dinámica. Sujetar para moverse y moverse sujetando.

QUINTA: Esto es yoga. Alinear la columna es para un yogui un proceso de liberación energético. Se realiza con honestidad, sensibilidad y firmeza y se percibe como expansión, integración, calma, “enstasis”. El “arte” en yoga no es lo que haces, sino desarrollar tu percepción de lo que “recibes” al hacer eso que haces.

UNA NOTA: La  “clase” de yoga que te voy a administrar, si te dejas,  sirve para mucha gente, pero todos somos más excepciones que reglas a un cuerpo teórico y una columna vertebral de libro. Un ojo experto desde fuera te indicará todas estas acciones de una manera muchísimo más simple y eficaz para tu propio cuerpo

Y ahora, a saltarme el guión.

 

PRIMERA CLAVE (donde todas las demás se unen):

La columna, vista de lado,  tiene curvas. Aplanarlas no es correcto. ¿Qué habría sido de Nefertiti o del perfil de Mónica Bellucci? Lo correcto es reconocer la propia forma de la columna y, con ayuda del profesor, aprender cómo fortalecerla y estirarla de manera íntegra para obtener tu mayor beneficio. No hay dos columnas iguales, si bien, por lo general, suelen ser notablemente parecidas si se miran a bulto.

Y ahora yo debería hablar de las curvas de la columna, del número y forma de las vértebras, de que a algunas les salen costillas y de los discos intervertebrales… pero  otros lo dicen mucho mejor, así que te voy a contar lo que me sirve en mi práctica y en mis clases: samastitihi o tadasana. La postura de atención, o de la montaña.

SEGUNDA CLAVE: “desde las extremidades” y TERCERA “respirando”

1.- De pie, recomiendo pies juntos (en cuyo caso juntas en lo posible rodillas, tobillos, talones y borde interior de la base de los dedos gordos) o, si no se puede, paralelos,  separados como mucho un pie de distancia.

-No puedo juntar las rodillas

-Yo no puedo juntar los tobillos.

-Si junto los pies me caigo

-¡¡¡A mí me pasa todo eso!!!

Esto es yoga, las instrucciones son invitaciones, no un mapa que hay que seguir obligatoriamente. Obviamente los tres primeros alumnos sólo necesitan encontrar una posición estable y cómoda aunque no  lleguen a juntar el nosequé con el nosecuál. El cuarto alumno debe moderar sus libaciones.

Seguimos con la clase:

Inhalando levantas dedos, luego talones, luego dedos de nuevo dejando los dedos de los pies en el aire mientras afirmas sobre el suelo tanto talones como la parte ósea tras los dedos de los pies. Exhalando posa los dedos, separados si se dejan. En la misma exhalación, como si cerrases una cremallera tiras de los muslos hacia las ingles elevando las rótulas, a continuación deslizas, con suavidad el sacro hacia abajo. Fíjate que delante de un espejo tus rodillas deberían verse paralelas, que no bizcas. Es muy posible que reconozcas la necesidad de un movimiento de rotación interna en los muslos, junto a la acción citada de tirar de ellos hacia arriba. Esta rotación refleja y potencia tu pisada en la base del dedo gordo (un punto de apoyo clave desde ahora mismo y para el resto de tu vida) con el arco plantar graciosamente levantado en sus lados interno y externo. Un mundo nuevo de sensaciones al alcance de tu mano… de tu pie.

…Seamos realistas.

Si puedes hacer todo eso tal y como lo has leído desconfía. O eres un profesor que se ha confundido y se ha metido en una clase para principiantes, o te estás engañando con todo éxito. Pero tranquilo mi desconocido adepto (André Van Lysebeth lo decía mucho, mola). Lo importante, si eres principiante, es que sea entretenido, no que lo hagas “bien”.

1.5.- En un mundo ideal, haber colocado la masa de la pelvis al deslizar el sacro hacia abajo, (yo suelo decir ”empujar suavemente el coxis hacia delante”, parece que marca un sentido más claro. Para que no tengas dudas: es como un afirmativo y exultante empellón sexual, pero en suave y a solas). El haber colocado la pelvis, decía,  sobre unas piernas que empujan correctamente el suelo debería hacerte sentir que tu peso va cayendo en el centro de la planta de los pies, en la clave del arco, no en los talones, no en los dedos, no en el borde exterior, no en el interior. Todo bien repartidito.

-Es que tengo los pies planos

Todos necesitamos instrucciones personales: por la pelvis en retroversión, por los pies planos, por las compensaciones de años… Sólo un profe que te vea hacia dónde caes puede enseñarte las acciones exactas que tú necesitas. Si no te veo sólo puedo decirte: intenta presionar el suelo equitativamente con toda la planta prestando atención a hacerlo con la base del dedo gordo y enderezando, lo más posible, tu tendón de Aquiles mirándolo en un espejo (cosa compleja, por cierto…).

 

1.5.a)- Colocar la masa de la pelvis o deslizar el sacro con los pies sobre el suelo sin compañía sexual (real  o imaginaria) que te distraiga de tus deberes yóguicos, debe haberte puesto en contacto con tus abdominales, al menos en su sección inferior, también puede haberte puesto en contacto con tus glúteos y con tus ingles.

 

-¿Hay que apretar el culo, jefe?  – me preguntan los alumnos refiriéndose normalmente a los glúteos, no a una suave succión, refinadísima, del suelo pélvico que verán en clases posteriores… si siguen viniendo a clase. El profesor despistado sabe que hablo de los bandas- Y me ponen en un aprieto a mi también. La pelvis es la base de la columna vertebral. El apoyo-impulso que efectuamos a través de las plantas de los pies ha de haberse conducido a través de las piernas hasta ella, y ella, la pelvis, en un firme estado de gracia y ligereza que refleja el de los pies,  debe transmitir ese apoyo o empuje a cada vértebra, como el corazón impulsa la sangre o el diafragma empuja el aire que respiramos, o el invierno al otoño… El problema es que eso lo da la práctica, el arte, la tecné. Hasta entonces, a veces, muchos deben apretar los glúteos para estirar unas ingles demasiado tensas como recluso nuevo en ducha carcelaria… sin embargo la técnica (arte) correcta no es apretar los glúteos. El movimiento de la pelvis debería dirigirse, por seguir con la imagen educativa,  más bien con la sutileza aplicada al manejo del jabón en las instalaciones citadas. Demasiado fuerte o demasiado flojo, y colocarse la pelvis será algo que haga otro.

 

1.5.b)- Colocar la pelvis implica una succión de la parte inferior del abdomen, un remeter el bajo vientre, un (en fino) ajuste del transverso. Esto es “muy fácil” de ver en la postura del puente con apoyo de brazos al levantar el culo del suelo y al volver a posarlo vértebra a vértebra (para entendernos: en la postura del misionero: cómo se mueve la persona de abajo: borra de tu imaginación a la de arriba y te acercarás bastante). ¿Vas entendiendo el porqué del celibato en yoga?  Muchas posturas se visualizan mejor con compañía, pero si no abstraes esa compañía de tu imaginación no será la columna lo que endereces.

En este momento de la clase los alumnos más dedicados y obedientes caen con ruido sordo. Por hacerme caso llevaban un buen rato sin respirar. Como ves, en yoga, no hay que hacer caso de todo lo que el profe te diga.

 

2.- Inhalando, sosteniendo todas las acciones citadas en 1, la sensación de 1.5 y teniendo en cuenta 1.5.a y 1.5.b, deja que tu caja torácica se expanda… pero no de cualquier manera, como dijo Joseph Pilates un frío día de Noviembre en Nueva York: la naturaleza no revela sus secretos sin esfuerzo. Esta inhalación natural que ahora tomas debe expandir tu caja torácica en todas sus dimensiones, no sólo hacia delante. Tu abdomen no debe expandirse porque los músculos que lo recubren  están trabajando para ayudar a fortalecer y estirar tu columna: los músculos abdominales (con el transverso, ese músculo recóndito de nombre reveladoramente atravesado) sostienen el abdomen desde la parte delantera de la pelvis para que no saques culo curvando aún más la zona lumbar. Para lograr esto con total eficacia, también deben sostener la parte inferior de tus costillas, con lo que al respirar, no debes proyectar estas costillas hacia delante arqueando la espalda, debes sostenerlas (no es el momento de fingir tres tallas más de sujetador)… las costillas. Observa cómo la caja torácica se expande lateralmente.

3.- Exhalando: cuelga, querida adepta, los hombros de la percha de las clavículas-omóplatos rotándolos con delicadeza hacia delante, arriba y atrás, poniendo cuidado en bajarlos manteniendo los omóplatos bien pegaditos a la espalda y dirigiéndolos hacia la cintura. Entonces rota los húmeros (el hueso entre el hombro y el codo) hacia fuera suavemente y el antebrazo hacia dentro. Las palmas suavemente estiradas abriendo ligeramente los dedos terminarán mirando hacia tu cuerpo. Una espiral. Ya llevas varias. Otro día hablamos más de esto de los muelles y las espirales.

En esta misma exhalación en la que has colgado los hombros de su sitio más natural (¡Ja!) aprovecha para permitir que (por supuesto, de manera natural ¡Deja de apretar la mandíbula, las cejas, las rodillas entre ellas,  el culo… que no te va a servir de nada! ¡Y respira como puedas pero respira si no te da tiempo a hacerlo todo en las respiraciones que yo te pido!)… De manera natural, decía, querida adepta, aprovecha para colocar la cabeza, mentón dentro coronilla arriba, estirando las vértebras cervicales como casadera virgen victoriana paseando con el libro de salmos sobre la cabeza.

 

3.1.- Lo más probable si es tu primera vez es que hayas puesto los hombros tan atrás y abajo que los omóplatos  se solapen uno sobre otro: sepáaaaaaralos (sin adelantar los hombros). Lo más probable es que al encajar los hombros-omóplatos hayas sacado pecho elevando las costillas inferiores y olvidando todo lo que hemos hablado, tu y yo, en el punto 2. Vueeeelve a meter costillas. Lo más probable es que también hayas soltado la pelvis, con lo que habrá vuelto a volcarse hacia delante, con la tripa fuera,  arqueando la zona lumbar. Coloooooooca la pelvis. Lo más probable es que tu pisada haya vuelto a ser la natural, pero la natural tuya, no la natural artística yóguica de la muerte con los arcos plantares ligeros y fuertes como las vidrieras góticas que sostienen catedrales… Piiiiiiisa hacia dentro girando suavemente los muslos hacia el interior tirando hacia arriba de las róooooootulas.

 

Y si no, finge. Haz como que lo disfrutas a tope (agradecemos todos evitar metáforas sexuales aquí).

 

En serio que lo digo: Disfruta, al menos de estar en clase aprendiendo las vocaaaaaaaaales. Disfruta de pensar con el culo, que es la manera de despertar la percepción de la pelvis. (la cabeza no da para tanto, te lo aseguro) Disfruta de la sensación de perderte en tu cuerpo y cree en la promesa del yoga: si te quieres encontrar, reconoce que estás perdido. Verás qué fácil es esto último. Vas bien. Como dijo Juan de La Cruz una fría mañana salmantina: “Para ir adónde no sabes has de ir por dónde no sabes”

 

Haz una foto mental: date cuenta de los movimientos que realizas para sostener este edificio. Pues todos esos movimientos van a cambiar tanto que a veces se van a transformar en sus contrarios cuando empieces a moverte (este aspecto ilustra perfectamente la  CUARTA CLAVE: Estabilización y dinámica. Sujetar para moverse y moverse sujetando).

Una clave esencial en la práctica es movernos manteniendo el alineamiento correcto del tronco, los espacios que hemos abierto, pero lo que antes era un empuje muscular en un sentido, ahora, para sujetarse, requerirá acciones musculares diferentes. Fíjate que por ejemplo, que al inclinarte en una flexión hacia delante (tronco a 90º de las piernas),  en  vez de, como hacías,  dirigir el coxis hacia el pubis suavemente (movimiento sesual), tendrás que hacer lo contrario: pubis hacia coxis para mantener la zona lumbar colocada, o si no se arqueará y la catedral colapsará estruendosamente (si estás en una clase de yoga Iyengar el grito del escandalizado profesor, en el otro rincón de la sala, quedará registrado en los sismógrafos de Pune, donde Maese Iyengar –mi héroe-controla todo el alineamiento  del planeta sin despeinarse (más) las cejas y quedarás súbitamente colocado). Si en esa flexión adelante te pasas en lo de pubis hacia cóxis sin saber frenar porque tus articulaciones son más sueltas y desprendidas que las cuentas de Bankia, arquearás la zona lumbar en exceso, incluso con la misma acción  proyectarás las costillas hacia delante y, ya sin freno posible ni sentido de la medida ni del decoro victoriano, sacarás la barbilla hacia delante y arriba en gesto arrogante que acabará con tus opciones de lograr un matrimonio como Dios manda. Pero tranquilos todos. Si estás en clase con un profe o profa sobones ninja se meterán en tu espacio con tal destreza, casi sin tocar,  que para cuando te quieras dar cuenta habrás decidido consagrar tu nueva virginidad al yoga para siempre, porque has visto a Dios en tu cuerpo nuevo  “-¡Qué me ha hecho con qué cosa! ¡Qué me ha dejado no sé cómo, despeinada-o y sin respirar!” –Respiiiiiira, te dirá entonces… y querrás más porque del yoga bien hecho uno no se repone jamás. Aunque se lo haga otro.

 

A estas alturas se supone que estás de pie en una perfecta posición de tadasana o samashtitihi (o flexionada hacia adelante si se te ha olvidado subir, sube), clavándote en la tierra (al inspirar o al espirar, dependerá de la escuela de tu profesor), penetrando en el cielo, abriendo tu corazón, expandiendo todo tu espacio, liberando tus tejidos, oxigenando tus células, sintiendo que todo eres tú y que tú eres todo (espiralmente, por supuesto).

Es el momento del mantra: ¡¡Olé!!

Si puedes hacerlo mientras lees eres Dios

Déjame recordarte algo:  Eres Dios. Y otra cosa: la literatura Universal se basa en la mentira más fantástica de todas: lee y vívelo. Tú puedes… pero es mejor que vayas a clase, mi amado adepto, con ese profesor que se ha confundido de clase y tienes ahora mismo al lado enseñándote: aprendiendo dos veces.

 

¡Y viva el blanco de Rueda!

Read Full Post »

Tómese una oración sencilla. Que sea de naturaleza negativa. Ejemplo: “Yo no puedo”. Repítase, concienzudamente 1.001 veces cada día durante tres meses. Se obtendrá un dios caníbal que se complacerá devorando a su sirviente y a su mundo. Destrucción que, por voluntad divina, no podrá evitarse.

 

Otra oración: “Yo no merezco”. Con igual tratamiento que en el caso anterior crearemos un rozagante diosazo incontestable, fuente permanente de frustración y castigo. El adepto, hallándose a sí mismo al apartarse en la renuncia,  terminará por ausentarse de su propio reflejo en los ojos de sus seres amados, de sus orgasmos, de su propia huella en la tierra y hasta del paraíso en el cielo que, evidentemente, no habrá merecido.

 

De otra planta del Jardín de los dioses posibles podemos tomar otra semilla, otra oración que elevar a los altares interiores: “Yo no sé”. Se conjurará al dios de la ignorancia, y nutriéndolo con el ensalmo crecerá hasta llenar el corazón, que dudará de los afectos propios y ajenos; la cabeza, que nunca discriminará la opción correcta, pero sabrá esperar la incorrecta con una justificación, una disculpa y una penitencia; el deseo, que inseguro de sí mismo,  siempre asustado y encogido temerá eternamente estar haciendo lo contrario de lo que es.

 

¡Y cuántas más pueden plantarse al pasear, despreocupadamente, por el bosque de los dioses posibles!  “No tengo tiempo” “no tengo salud” “no tengo dinero”. Multiplicados por la tenaz repetición lastimera, inconsciente… real… adquieren una existencia ávida que parasita el mundo robándoselo al gozo. Mundo de impotencia, mundo de ignorancia, mundo que funciona sin mí y que los noticiarios muestran, los periódicos describen, los políticos pervierten y que, como todo el mundo sabe, es que es “la realidad”.

 

No hay ateos y apenas hay creyentes que crean en lo que dicen creer. Cada quien crea sus propios dioses en los que dice no creer y dice creer en otro que, realmente, no está creando, regando, plantando y mimando en su bosquecillo personal de dioses posibles.

 

¿Importa algo el nombre de Dios? Ahí va uno con apellidos: Yo sé y puedo amar y merezco amar y ser amado. Es un Dios encarnado en el corazón y en su necesidad de haber creado el lenguaje para hallar la mayor plenitud posible.

 

 

Read Full Post »

A %d blogueros les gusta esto: