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Archive for 8 mayo 2012

Hoy es un espectáculo televisivo ver cómo trabaja otro. El espectáculo no es un Gran Hermano más falso que el billete de tres euros, es ver a alguien…trabajando: pescadores, tatuadores, policías, subasteros, mecánicos. El espectáculo es que alguien trabaja, cómo lo hace, y que hasta gana dinero con ello.

El trabajo es lo más importante del mundo y no se debe escatimar esfuerzo en trabajar para conseguir un trabajo cojonudo en el que poder trabajar. A mí me educaron así, así que consiguieron el efecto contrario: lisa y llanamente el trabajo me da grima.

Estoy vacunado contra el trabajo. Porque si trabajar es sobrevivir, no me convence. Quiero más. Si trabajar es producir lo que gusta de una manera competitiva hasta hacer de ello una gestión y no una pasión, no me gusta. Si trabajar es pagar a un estado que no lo devuelve y pide más para dárselo a los financieros que nos están engañando, no me gusta. Si trabajar es ser hormiga obrera en un hormiguero dirigido por osos hormigueros, no me gusta.

Empecé a desconfiar cuando me contaron en el parvulario lo de la cigarra y la hormiga y me supe, íntimamente, cigarra. Mira la hormiguita qué maja, cómo trabaja, cómo se esfuerza, cómo revienta la condenada en pro del bien común. Mira la cigarra qué fresca, qué chula, qué solazada… qué sinvergüenza, la muy vaga que va a desestabilizar ella sola la economía entera con sus tonterías musicales. Menos mal que cuando llegue el invierno y la hormiguita haya trabajado lo suyo y lo del otro para tener un excedente, la cigarra va a pagar por todos sus pecados y se va a morir bien muerta.

El final no me gustó un pelo. Lo que no me contaron es el principio (gracias Wikipedia): la cigarra que conocemos es el estado final de un bicho que se ha pasado bajo tierra entre 13 y 17 años churruspando raíces al fresco, acumulando sustancia, y que llena de júbilo (jubilada), y muy savia (de las raíces), se pasa el último verano de su vida cantando al sol para ligar y para beneficio (o no) de todos los que la escuchan en casi un km a la redonda. La hormiga, por su parte, vive (si se le puede llamar así) unos pocos años con una vida sexual, artística y de holganza nula y, por supuesto, sin júbilo (ni saviduría: chupan jugos de culos de pulgón y comen mohos cultivados) alguno… salvo los sueños que le proporcionó el guitarreo de la chicharra.

Lo que ahora no entiendo es cómo en el hormiguero están reduciendo drásticamente a las hormigas su ración de moho cultivado y jugo de pulgón para que así puedan producir y consumir más moho y pulgones.

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¡Nacionalizacemos?

Yo pensaba, cuando pensaba en estas cosas, que eso de nacionalizar estaba muy bien. Que la tierra para el que la trabaja y el petróleo, pues también. Con las conclusiones claras ya no había vuelto a pensar más en ello. Lo tenía en “cosas de no volver a pensar”.

Y ahora la nacionalización, como toda moda, ha resucitado. ¡Horror! Yo me quedé en la descolonización ¿Es esto lo mismo?

Prestigio. Parece que lo importante es el prestigio internacional. ¿Tenemos de eso? Se supone que a raudales, fruto de la suma del honor patrio, los cojones y las ejemplares políticas de tolerancia. Pero eso sólo es en el fútbol (Esa empresa multinacional masculina donde las primas de la selección española se cobran en Austria).

¿Qué somos hoy los españoles en el exterior? Los campeones de la roja. Ya. Y los cojones 33. Se nos ve como una nación de parados sin rechistar. La puta del Eje. Una nación adónde ya no se emigra porque ni pa´ellos tienen. Una nación de imbéciles que exporta todo el talento que parece sobrarla (¡Ay! Que yo no me he ido…). Un sinsentido, un guirigay, un galimatías que se va a pique, como siempre. Y con dos cojones pa hacer guasa. El último, mi favorito.

¿Prestigio?

Tengo un montón  de cosas ya pensadas. Cuando las revisito y le quito los sellos, por ejemplo de “imperialismo español”, encuentro mucho en qué pensar sobre aquello en lo que no necesitaba pensar más. Me resulta cercano el (antes odiado) extremeño desarrapado que llegó al final del mapa y le quitó el imperio a un tipo que le sacaba todo lo que se puede sacar a otro en poder, estatura, cultura e higiene personal. Sin embargo, al estupendo azteca no se le ocurrió otra cosa mejor para conjurar un mal horóscopo que sacrificar paisanos a millares y dar oro al forastero… Babeando y con sonrisa torcida conquistó el de Extremadura el resto del oro mexicano a la española: malmetiendo, aprovechando, embriscando, jaleando a los enemigos naturales del azteca, organizándolos y resguardándose tras ellos hasta ser vanguardia por fuerza mayor (del azteca). Y entonces a cojón, a degüello, por la vida y por el oro que la una sin el otro allí, en el culo del mundo (con perdón. Yo amo México y le debo mucho), entre indios que se odiaban a corazón abierto, no servía para nada. He aquí una nacionalización española modélica. Buenos, blancos y católicos asesinando a malos paganos cobrizos asesinos ¡Las cosas claritas! El que sobrevive gana y México para Cortés.

Hace años yo estaba de parte de Moctezuma y sus rojos cuates por aquello del revisionismo colonialista marxista. Ahora, después de saber un poco más de aztecas, de pobres y de ricos, de revisionismo y de rojos cuates, sólo tengo claro que no estoy de mi parte… porque no sé cuál es. Si Moctezuma en vez de darle al sacrificio fraternal a la obsidiana, la astrología, la poesía y el despotismo doméstico le llega a dar a la exportación evangelizadora, lo mismo en las iglesias hoy los curas la pluma la llevan sobre la sotana (bueno), el Sagrado Corazón sería la Ostia (malo) y La Roja habría cobrado regresando viva, los demás no (no sé qué pensar de esto).

Entonces ¿Está bien que nos echen dos (y más) veces a los españoles de las Américas?… Tengo claro que Cortés y amiguetes no iban de españoles: iban de ser rey en lugar del rey. Hay que ser español para saber lo que de español tiene eso. Tengo claro que Repsol es tan española como Cortés, que eso sí, era más macho y eran menos.

Conclusión (provisional): Me da que esto no va a mejorar el nivel de vida de los argentinos ni el de los bolivianos ni va a empeorar el de los españoles. De eso ya se han encargado los políticos que nacionalizan y los que no.

¿Y qué podemos nacionalizar los españoles? Lo tengo clarísimo: la autoestima bizarra, los cojones y el sentido del humor en el sinsentido ¡Y a los españoles, coño, antes de que se vayan todos!

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